LA ECONOMÍA COLONIAL EN LA ISLA DE SANTO DOMINGO
LA ECONOMÍA COLONIAL EN LA ISLA DE SANTO DOMINGO
El desarrollo económico de la República Dominicana va de la mano con la Industria Azucarera. Su evolución y promoción para llegar a beneficiar al país datan desde el siglo XVI, cuando Gonzalo Velosa fundó en las márgenes del Rio Nigua el primer trapiche movido por caballos para fabricar azúcar de caña en la isla.
La evolución y crecimiento de todo cuanto representa la actividad productiva del azúcar en la República Dominicana, ha sido llevado a varias obras que ocupan lugares distintivos en bibliotecas, trabajos de negocios, entre otros, que constituyen documentos sugerentes y emotivos del avance nacional, algunos de ellos tratados en este trabajo.
Es por todo esto y más, que se eligió la industria azucarera como tema de investigación. El objetivo principal de este trabajo es dar a conocer no solo las altas y bajas de la economía provocadas por la industria, sino también indagar sobre esa organización que llego a dar beneficios insuperables al país en función de la época, la idea es que a partir de este análisis, en ocasiones posteriores se puedan identificar las fallas e incorporar mejores estrategias que garanticen la productividad, para que el sector no solo este enfocado en la producción en masa sino que implementen mejoras que a fin de cuentas resultan en beneficios, avances en la industria, y desarrollo en el país.
El azúcar y la esclavitud de los negros
El azúcar ha estado tradicionalmente ligado a la esclavitud, durante la época colonial. Millones de esclavos africanos fueron desplazados a los campos americanos para cultivar principalmente caña de azúcar. Hoy en día, su producción sigue relacionada con duras condiciones de trabajo, expropiaciones forzosas y degradación del medio ambiente», explican.
La cadena es, sin embargo, compleja. Casi 130 países producen azúcar, cada uno con unas condiciones diferentes, y miles de marcas de alimentación se proveen a veces de productores inmediatos; otras, de intermediarios. Cada paso de la cadena productiva, de la plantación al marketing, tiene su propio funcionamiento.
Es esa primera parte de esa cadena, la recogida, la que está más bañada de sangre.De hecho, aunque la recogida de caña tiene fama de ser uno de los trabajos más duros que existen, en la mayoría de los casos se sigue realizando de forma manual: la mano de obra es tan barata que, por ejemplo, la industria brasileña no tiene incentivos para emprender una mecanización que lleva anunciando desde los años 70, y mucho menos en la India, el segundo mayor productor mundial, donde las máquinas se utilizan en apenas un 4% de la producción. El resto son jornaleros que golpean con sus machetes los robustos tallos de la caña.
«A menudo, para llegar a un salario de miseria se requieren jornadas extenuantes: algunas estimaciones calculan que, para cortar una media de 12 toneladas de caña por día, el trabajador ha de caminar ocho kilómetros, dar decenas de miles de golpes de poda y perder ocho litros de agua», indican en el prólogo del libro.
En muchos casos, esos cortadores acaban consumiendo drogas como crack y marihuana para aliviar sus peonadas y muchos, a los pocos años de trabajar en las plantaciones, desarrollan enfermedades por la dureza del trabajo, la exposición a agrotóxicos y quemas y las nefastas condiciones de higiene y seguridad laboral.
Los Cimarrones
La dificultad de las comunicaciones internas debido a ataques de indígenas y negros aislaron aún más las villas españolas, que fueron abandonadas casi en su totalidad. La rebelión de Enriquillo inicia una era de comunidades cimarronas en América. Siendo la única vía de supervivencia y libertad, fue rápidamente adoptada por el esclavo africano desde su llegada al nuevo mundo, constituyendo la base para la formación de una sociedad neo-africana contrapuesta a la de las plantaciones de tipo europeo, “todo mezclado” en un suelo americano.
La significación concreta del termino cimarrón equivale a, “silvestre”, “selvático” o “salvaje” aplicado a las plantas no cultivadas, a “huido”, “alzado” o “bravo” aplicado a los animales domésticos que se tornaban montaraces, y también a los hombres, indios primero y negros después, que se alzaban y en desesperada fuga buscaban libertad lejos del dominio del amo”.6
La primera rebelión de esclavos africanos tuvo a lugar en el ingenio de Diego Colón y Melchor de Castro en 1522. De aquí en adelante, aunque se utilizaron muchos métodos y castigos para evitarlas, las cimarronadas resultarían en gran medida incontrolables.
Existieron dos tipos de cimarrones: los nómadas que vagaban por los montes periféricos a las plantaciones, hurtando lo que podían y alimentándose de las vacas y cerdos salvajes, y los cimarrones organizados en grupos sedentarios que habitaban en los palenques o manieles, pequeñas aldeas construidas en lugares poco accesibles con ciertos sistemas de defensa como trampas y empalizadas, y con los correspondientes conucos para abastecer su consumo.
Desde un principio los indígenas y africanos realizaron un intercambio cultural muy especial, ya que el africano trataría de reestructurar sus confundidos rasgos culturales bajo el idioma y la religión del amo blanco, pero contando con las indicaciones indígenas en cuanto a la alimentación y supervivencia en el nuevo hábitat. Como explica el Profesor Juan Bosh, los negros e indígenas se entendieron perfectamente puesto que, “ambos tenían una conciencia social de tribu y un nivel cultural muy parecido... eran cazadores, agricultores en terrenos comunes, pescadores; sus religiones eran animistas; sus experiencias acerca del hombre blanco eran parecidas... a los hijos de las dos razas se les llamaba zambos y se les trataba como esclavos”.
La producción azucarera y los hatos ganaderos, el contrabando y las devastaciones (1605-1606)
Los hatos ganaderos son fincas destinadas a la crianza de ganado, como antecedentes a esta actividad económica en la isla, podríamos decir que la misma se encuentra en el siglo XVI, cuyo motivo en aquella época fue la de cumplir con dos propósitos, el primero fue con la intensión de movilizar las carretas y trapiches de los ingenios, y el segundo consistió en satisfacer la demanda de carne y leche para alimentar a las comunidades establecidas en los alrededores de estos centros azucareros llamadas villas.
En el siglo XVII, el hato ganadero tuvo menos importancia que la producción agrícola su utilidad fue para la alimentación de la población y la elaboración de artículos a base del cuero, el cebo que este producía era utilizado como medicamento en las prácticas curativas. En este período la actividad comercial era directamente con Sevilla, se pudo observar que en esta época el ganado sufrió una gran escases como producto de los resultados a las devastaciones de Osorio (1605-1606), donde además, por la gran crisis económica que pasó la colonia se vio la necesidad de consumir las reses más viejas y salar la carne para conservarla por más tiempo.
Para el siglo XVIII, el hato ganadero se había convertido en la principal actividad económica de la época, debido a la gran demanda de pieles y carnes en las Colonias de Saint Domingue y Santo Domingo y por el intercambio comercial que origino esta actividad. En la parte oriental de la isla, el hato consistió en la crianza de reses como producción principal, y en menor cantidad, la cría de cerdo y caballos, a diferencia de la parte occidental, la cual estaba destinada a las plantaciones, esto fue lo que ocasionó una filiación económica entre ambas colonias.
Monopolio y contrabando en el caribe
Las Devastaciones de Osorio fueron la orden del rey de España Felipe III al gobernador de La Española (en ese entonces Antonio de Osorio), de despoblar la parte occidental de la isla para trasladarla hacia la parte cercana a Santo Domingo entre 1605 y 1606 como forma de aniquilar el contrabando en la zona.
En 1605, las autoridades españolas, dirigidas en este momento por el monarca Felipe III, perteneciente a la Casa de Austria, deciden a través de la Cédula Real de 1603 despoblar la zona noroeste. Esto se hizo con la finalidad de erradicar el contrabando. Además, en las embarcaciones que contrabandeaban el cuero del ganado y otros productos se introducían biblias luteranas, lo que era considerado una influencia nociva por la metrópoli.
El gobernador Osorio puso en vigencia la Cédula Real que establecía que todas las poblaciones de la banda del norte que se dedicaban a contrabandear tenían que ser despoblada y es así como en 1605 se despoblaron las ciudades de Montecristi, Puerto Plata, Bayajá y la Yaguana, trasladando a sus habitantes con sus pertenencias hacia el este de la Isla donde se fundaran nuevas ciudades como serán, Monte Plata y Bayaguana siendo estos nombres el resultado de las uniones de la ciudad de Puerto Plata y Montecristi y de Bayajá y la Yaguana.
Clases sociales y luchas de clases en la industria azucarera
La lucha de los obreros de una fábrica contra sus patrones no se encuentra conectada a la lucha de la clase obrera contra la clase capitalista y su gobierno. Las condiciones que se requieren para hablar de una verdadera lucha de clases son que el enfrentamiento que se produzca entre los obreros y sus patrones forme parte de la lucha de la clase obrera contra la burguesía y su gobierno y, por lo tanto, que aunque defienda los intereses inmediatos de ese grupo de trabajadores, esté conectada a la lucha organizada de esa clase por la realización de sus intereses a largo plazo, es decir, a la lucha por la conquista del poder político para poder llegar desde allí a destruir la sociedad capitalista y construir la sociedad socialista.
Para que se cumplan estas condiciones es necesario que la clase obrera esté organizada como clase a nivel nacional a través de su organización sindical y que sus luchas estén orientadas por un partido proletario que reúna a los sectores más avanzados de ella. De esta manera la lucha por objetivos inmediatos de un grupo de trabajadores puede llegar a conectarse con los objetivos a largo plazo de toda la clase obrera.
Monopolio y contrabando en el caribe
Cuando los españoles se dieron cuenta de las riquezas que había en América, la corona quiso poner bajo su monopolio absoluto toda la producción de las nuevas tierras (sus colonias), así como todas las actividades mercantiles que se llevaran a cabo entre España y la isla.
La institución utilizada para controlar las actividades económicas fue la llamada Casa de Contratación de Sevilla empezó a funcionar en el 1503.
En cada puerto del nuevo mundo la casa mantenía funcionarios encargados de supervisar la producción, de cobrar impuestos, de llevar los libros de cuentas de la Hacienda Real y de dar los permisos para navegar y comercializar.
A esos funcionarios eran llamados: factor, veedor, contador y tesorero del Rey.
Los vecinos de La Española hicieron varias peticiones para que se les permitiera comprar y vender la caña de azúcar, cañafístola y los cueros de vacas.
Las mercancías debían ser exportadas e importadas exclusivamente a y desde Sevilla (de modo excepcional a Sanlúcar y Cádiz).
Dado que muchos productos no eran de fabricación española, por lo que debían ser importados a España antes de su envío a las Indias, el valor con que se vendían en La Española podía ser incluso seis veces superior a su precio original.
Inversionistas europeos que no querían quedarse fuera del negocio buscaron insertarse en la vida económica de Sevilla y, de esta suerte, mediante agentes, inversión en compañías y préstamos a comerciantes, lograron influenciar decisivamente la asociación de mercaderes del lugar para 1543.
La inmensa mayoría del oro, la plata y los demás productos americanos que a mediados del siglo XVI llegaban a Sevilla iba a parar a manos de capitalistas y firmas extranjeras.
Enfrentamiento de las potencias europeas. La Reforma protestante, las intenciones imperiales de Carlos V, la dependencia económica de España respecto a Inglaterra, Francia y Holanda El corso se remonta a fechas tan tempranas como los años veinte del siglo XVI.
En 1791 se produjo la primera revolución de esclavos que finalizaría con la creación de un estado independiente en 1804: Haití. La revolución tuvo lugar en Saint-Domingue, colonia de Francia de pequeñas dimensiones pero de gran valor económico. Saint-Domingue despuntaba por su elevada producción de mercancías cotizadas en los mercados internacionales, como el azúcar, el café, el algodón o el añil. Con una economía que descansaba en la esclavitud, la población de la colonia (570.000 habitantes) acusaba un fuerte desequilibrio: los esclavos representaban el 88%, la población negra libre, el 5% y los colonos blancos, el 7%.
El reparto de la riqueza también era desproporcionado. Los colonos blancos acaparaban el 70% de la riqueza y el 75% de los esclavos, mientras que la población negra libre, los llamados affranchis, poseían el 30% de la tierra y el 25% de los esclavos. Las diferencias abismales, originadas tanto por la posesión de riqueza como por el color de la piel, produjeron posiciones políticas muy diferentes cuando la Revolución Francesa estalló en 1789. Un abanico amplio de reclamaciones albergaba desde la autonomía colonial hasta la igualdad política demandada por los affranchis y la libertad ambicionada por los sometidos. En este panorama complejo de luchas internas se produjo la rebelión de los esclavos que reclamaban en un principio solo la libertad.
La sublevación comenzó en el norte de la isla, donde se localizaban las plantaciones de azúcar de mayor extensión y que albergaban al 40% de los esclavos de la colonia. Con apenas 200 esclavos, pronto sus líderes, François Dominique Toussaint de Louverture, Jean-François y George Biassou, lograron organizar un ejército y trasladar la lucha al resto del territorio.


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